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jueves, 19 de noviembre de 2009

Canto

Yo hubiera querido cantar bonito.

En esta vida no se puede todo, me queda clarísimo. Yo puedo ser muchas cosas buenas y tener una cantidad grande de virtudes (como la modestia, por ejemplo) pero hay una cosa que no soy y que me duele en el alma: no canto como los ángeles.

De todas las bellas artes, la que más se me negó fue la música, y especialmente el canto. Quien me haya oído cantar sabrá que en realidad un gato atropellado puede tener más armonía que mi voz entonando.

Curiosamente, y quizás como ironía, tengo un excelente sentido del oído. Tengo capacidad para escuchar sonidos muy bajos, entender conversaciones lejanas, e incluso, distinguir armonías musicales sin mucho esfuerzo, aunque carezco de toda capacidad para replicarlas.

Ahora, la posibilidad de que alguien me oiga cantar no es mucha, y no es porque me de pena aullar, porque no me la da, en realidad. Más bien tiene que ver con que sólo canto cuando estoy feliz. Si alguien, alguna vez, me oye canturrear, tararear, silbar o aullar a pleno pulmón, puede pedirme lo que quiera en ese momento y cumpliré, porque seguro estoy de excelente humor.

No sé por qué, relaciono mucho la música con la manera en la que me siento, y usualmente incluso relaciono episodios de mi vida con ciertas canciones. No es como si hubiera canciones para cuando estoy triste o enojado o contento o enamorado, es más bien que la canción me transporta a un momento y una situación exacta, escucho ciertas canciones y puedo evocar con presición un recuerdo.

Y todo esto viene porque el día de hoy, la persona que se sienta a mi lado en la redacción me volteó a ver raro, y en ese momento me dí cuenta que estaba cantando. Me dio mucha pena, pero también me asombró ver que estaba feliz, y mi subconsciente me traicionó.

viernes, 13 de junio de 2008

Claridad (o lo que es lo mismo: yo también me hubiera reído)

Como hacía tango mugre frío, me hice el firme propósito de no salir de mi casa. Me bañé, me puse un pants, una playera roñosa y unos calcetines para que no se me congelaran los pies con los Crocs nomás, sin peinarme ni echarme crema ni nada. Claaaaaaro que para ser fodongo total, los calcetines eran blancos y los chanclazapatos negros, para que el resultado fuera este:Total, nadie me iba a ver. Pero a media tarde, que me acuerdo que tenía que ir a pagar hoy sin excusa ni pretexto la colegiatura de la alberca o no me iban a dejar pasar y pues ni modo, torció la puerca el rabo y tuve que dejar mi casa. Pues ya instalado en plan Chimoltrufia pues no me iba a cambiar, así que sólo me puse mi sudadera GAP (también ampliamente conocida como la sudadera de la fodonguez) y me fui a pagar así con el cabello au naturel ni ponerme zapatos ni nada. Cero pena.

Pagué e iba de regreso a mi casa caminando muy feliz con mi celular nuevo reproduciendo canciones ochenteras cuando empezó nada más y nada menos que Claridad de Menudo.

Lo tengo que confesar: soy mega fansssss. Pocas cosas me hacen tan feliz en esta vida como escuchar canciones horrendas y bailarlas, sin importar dónde esté en ese momento. Pero de todas todas mi mega favorita es Claridad, pasos de baile incluidos.

Entonces estaba yo caminando por Presidente Carranza en Coyoacán, a menos de dos calles de mi casa y empezó el coro: Ella es sólo soledad y silencio. ¡No más! Regresa claridaaaaaaaaaad. Y pues me traicionó el pinche subconciente y a hacer el pasito correspondiente.

Listo, se acaba el estribillo, la musiquita electrónica barata y la coreografía. Sigo caminando. Pero de repente, zaz. Volteo a la derecha y que veo una señora muerta de la risa observándome hacer el ridículo.

Si yo hubiera sido ella, también me hubiera reído. Pero cabronamente. Es que entre las chanclas con calcetines, el cabello y la coreografía, pues bueno.
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Qué, como si yo fuera el único que baila claridad.

¿Curiosidad por saber cuál es el paso que me aventé a media calle? El del minuto 1:46/3:20 del primer video.

Y ya que estamos en eso, vean al gordo bailar no una sino trece canciones de Menudo. Chale, ¿cómo se las aprendió todas?

lunes, 21 de abril de 2008

Clase de rebotes

Hoy a las 7am me preguntaba yo qué es lo que me motiva a despertar todos los lunes y miércoles desde hace ya dos meses a una hora infrahumana (para mis estándares normales, es mucho muy temprano) para ir a la clasesita de los rebotes ridículos que tienen por llamar "gimnasia reductiva" pero no son más que viles aerobics.

Entonces, decidí mandar la disciplina a la goma y no ir a la clase, pero cuando cerré mis ojitos, sólo pude ver una cosa: al maestrito del show en cuestión rebotando gustosamente. Acto seguido dije, "bueno, es por mi salud y mi físico"; pero luego lueguito me dije a mi mismo, "si serás hipócrita y mentiroso, nomás vas porque el tipo te fascina".

Orale pues, todo sea por babear un rato. Ya me arreglé y salí corriendo para empezar la jornada saltando como tarado.

Antes de continuar, haré una explicación de la clase. La verdad del asunto es que a pesar de todo lo que me puedo burlar, no es nada fácil. Hay que coordinar que las piernas se muevan en cierta dirección a cierto ritmo por un número determinado de repeticiones; para hacerlo más difícil una vez agarrado el paso hay que coordinarlo con movimientos de los brazos. Posteriormente, hay que combinarlo con un movimiento que no tiene nada que ver; entonces, se crea una rutina de alrededor de ocho variantes y se repite. Luego se añade un banquito, mancuernas, saltos y flexiones por una hora. Una hora entera. El resultado puede ser catastrófico, porque no sólo hay que coordinar todo eso, hay que aprendérselo. Y hacerlo bien. Y sin descanso entre series.

El maestrito en cuestión, que se llama Julio, es muy agradable. Nos dice a la mitad, "¿cómo van? ¿verdad que se siente bien?" y pues ni modo de decirle, "no, está de la verga" así que uno nomás sonríe y dice que si. La otra frase que le sale es "más alto esa pierna/brazo, ¿a poco ya se cansaron?" y como la opción tampoco es decirle, "claro, porque tu nomás diriges pero no lo haces con nosotros pues no sabes qué se siente" igual se asiente como borrego mientras se hace lo posible por no vomitar; o es lo que yo hago, al menos.

El coach tiene la idea de que yo lo odio por alguna razón. Dice que lo veo feo y grito. No lo veo feo a él, yo veo feo a todo el mundo; tampoco grito, así hablo. La verdad es que no tiene ningún motivo sustentado para pensar eso. O hasta hoy no lo tenía.

Ok, siguiendo con la historia. Después de llegar tarde y renegar porque ya habían empezado, me puse diligentemente a sudar toda la mugre que me comí el fin de semana. A la mitad de la clase, cuando empezó con el "más alto las rodillas" yo hice lo posible y salté y salté. Pero como que no fue suficiente.

Entonces, se acercó hasta mi lugar, se paró a mi derecha muy cerca de mí y puso su mano a la altura que yo tenía que llegar. Y entonces salté con la izquierda. Bajé. Salté con la derecha. Zaz. Mi rodilla lo golpeó.

Pero no en cualquier lugar, claro que no. Le pegué en las joyas de la familia (testículos, tanates, huevos, como se les antoje llamarlos).

En ese momento, el saltó adolorido y yo quería que me tragara la tierra. Que se abriera un hoyo muy grande en la duela del salón y me tragara completito. Entero. Que ni siquiera escupiera mis restos.

Se alejó cojeando y continuó dando la clase por los veinte minutos restantes que quedaban.

Acabó la clase. Ahora, yo puedo ser muy groserito pero nunca le haría daño a una persona de esa manera intencionalmente. Entonces me acerqué a pedirle una disculpa. Le dije que lo sentía, que realmente no había sido mi intención y bla.

Entonces, atrás de mi empieza a sonar un coro de voces, "feliz cumpleaños, querido Julio, feliz cumpleaños a tí".

Chale. Peor día no pude haber escogido para hacer osos.

jueves, 13 de marzo de 2008

Estampitas por perdedor

Cuando vas al Subway y compras una torta sofisticada d'esas que venden ahí te dan una estampita para que la pegues en un cartoncito; entonces, cuando juntas ocho, te dan un sub gratis.

Yo tengo una de esas tarjetitas que no se parece en nada a la que sale ilustrando este post, porque tiene más estampitas pero está como mordida de un lado; esto último no sé cómo explicarlo por que no tengo idea de como pasó, pero eso no es lo relevante aquí.

El caso es que estaba pensando muy seriamente que deberían de inventar un sistema donde después de tener una mala cita/salida con alguien, te dan una estampita que pegas en un cartón, las vas juntando y al final te la cambian por premios.

Claro que como es una estampita donde se juntan fracasos, igual dan premios para fracasados. Se me ocurre que podrían dar: celulares a los que se les friega el display a los tres días, plumas dizque finas que se chorrean cuando las volteas, Tamagochis pirata que se les acaba la batería a las dos horas, despertadores chinos que dicen la hora en chino y así.

Todo esto viene por que la situación es la siguiente: linda sonrisa, lindo cuerpo, linda conversación. ¡Ah! Y tiene novio. Y además, lo conozco. Y además, no está en mi lista de personas favoritas por cosas que ya ni al caso vienen.

Claro que fue mi culpa por no preguntar antes, porque para él claramente sólo era una salida amistosa; claro que yo no contaba con ese detalle.

Hoy si llegué a mi grado extremo de patetismo.
Si dieran estampitas, ya tendría juntadas cuatro en este mismo mes.

domingo, 24 de febrero de 2008

Mi mamá tiene un novio pollero

Bueno, más o menos.

Resulta ser que usualmente compramos el pollo en el mercado de Portales, siempre en el mismo puesto.

El señorvendepollos es siempre muy amable, muy rápido, le abre las pechugas y los muslos (al pollo, no hay que ser puercos de mente) de las maneras más caprichosas que se le puede ocurrir a la señora, le pregunta: "¿cómo está hoy werita?" y cosas por el estilo.

Yo tengo la teoría que es porque mi mamá y el pollero sostienen un romance escondido. O si no, lo que si es seguro es que al menos, el marchante le tira la onda a mi Má.

Para esto hay que aclarar que hay dos polleros. Los dos tratan muy bien a mi mamá. No es que los dos sean sus novios, es que seguramente del que yo sospecho le dice al otro que la trate bien.

Mi mamá es muy inocente para este tipo de cosas y por eso no se da cuenta, pero yo creo que si es cierto y que no son alucinaciones mías y es que para ejemplo, basta un botón: ayer que fuimos le regaló de pilón un muslo y un ala. Normalmente, si bien le va a uno te dan una molleja o un hígado para que le des sabor al caldo -y eso si te quiso regalar algo-.

A que eso es prueba concluyente; obvio sí.