Hoy a las 7am me preguntaba yo qué es lo que me motiva a despertar todos los lunes y miércoles desde hace ya dos meses a una hora infrahumana (para mis estándares normales, es mucho muy temprano) para ir a la clasesita de los rebotes ridículos que tienen por llamar "gimnasia reductiva" pero no son más que viles aerobics.
Entonces, decidí mandar la disciplina a la goma y no ir a la clase, pero cuando cerré mis ojitos, sólo pude ver una cosa: al maestrito del show en cuestión rebotando gustosamente. Acto seguido dije, "bueno, es por mi salud y mi físico"; pero luego lueguito me dije a mi mismo, "si serás hipócrita y mentiroso, nomás vas porque el tipo te fascina".
Orale pues, todo sea por babear un rato. Ya me arreglé y salí corriendo para empezar la jornada saltando como tarado.
Antes de continuar, haré una explicación de la clase. La verdad del asunto es que a pesar de todo lo que me puedo burlar, no es nada fácil. Hay que coordinar que las piernas se muevan en cierta dirección a cierto ritmo por un número determinado de repeticiones; para hacerlo más difícil una vez agarrado el paso hay que coordinarlo con movimientos de los brazos. Posteriormente, hay que combinarlo con un movimiento que no tiene nada que ver; entonces, se crea una rutina de alrededor de ocho variantes y se repite. Luego se añade un banquito, mancuernas, saltos y flexiones por una hora. Una hora entera. El resultado puede ser catastrófico, porque no sólo hay que coordinar todo eso, hay que aprendérselo. Y hacerlo bien. Y sin descanso entre series.
El maestrito en cuestión, que se llama Julio, es muy agradable. Nos dice a la mitad, "¿cómo van? ¿verdad que se siente bien?" y pues ni modo de decirle, "no, está de la verga" así que uno nomás sonríe y dice que si. La otra frase que le sale es "más alto esa pierna/brazo, ¿a poco ya se cansaron?" y como la opción tampoco es decirle, "claro, porque tu nomás diriges pero no lo haces con nosotros pues no sabes qué se siente" igual se asiente como borrego mientras se hace lo posible por no vomitar; o es lo que yo hago, al menos.
El coach tiene la idea de que yo lo odio por alguna razón. Dice que lo veo feo y grito. No lo veo feo a él, yo veo feo a todo el mundo; tampoco grito, así hablo. La verdad es que no tiene ningún motivo sustentado para pensar eso. O hasta hoy no lo tenía.
Ok, siguiendo con la historia. Después de llegar tarde y renegar porque ya habían empezado, me puse diligentemente a sudar toda la mugre que me comí el fin de semana. A la mitad de la clase, cuando empezó con el "más alto las rodillas" yo hice lo posible y salté y salté. Pero como que no fue suficiente.
Entonces, se acercó hasta mi lugar, se paró a mi derecha muy cerca de mí y puso su mano a la altura que yo tenía que llegar. Y entonces salté con la izquierda. Bajé. Salté con la derecha. Zaz. Mi rodilla lo golpeó.
Pero no en cualquier lugar, claro que no. Le pegué en las joyas de la familia (testículos, tanates, huevos, como se les antoje llamarlos).
En ese momento, el saltó adolorido y yo quería que me tragara la tierra. Que se abriera un hoyo muy grande en la duela del salón y me tragara completito. Entero. Que ni siquiera escupiera mis restos.
Se alejó cojeando y continuó dando la clase por los veinte minutos restantes que quedaban.
Acabó la clase. Ahora, yo puedo ser muy groserito pero nunca le haría daño a una persona de esa manera intencionalmente. Entonces me acerqué a pedirle una disculpa. Le dije que lo sentía, que realmente no había sido mi intención y bla.
Entonces, atrás de mi empieza a sonar un coro de voces, "feliz cumpleaños, querido Julio, feliz cumpleaños a tí".
Chale. Peor día no pude haber escogido para hacer osos.