Mostrando entradas con la etiqueta ¿cómo es que me pasa esto a mí?. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ¿cómo es que me pasa esto a mí?. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de noviembre de 2009

Conejito vomitón

Voy a hacer una confesión. Soy un vomitón.

Bueno, quizás no es noticia, la mayor parte de la gente que me conoce sabe que mi reflejo de antiperistaltismo es extremadamente activo, porque en más de una ocasión me han visto a punto de guacarear.

Usualmente, si me enojo, me dan ganas de vomitar, si me estreso, me dan ganas de vomitar, si me mareo, me dan ganas de vomitar, si hago muchos abdominales, me dan ganas de vomitar, si como demasiado, me dan ganas de vomitar.

Vaya, no puedo ni siquiera lavarme las muelas traseras o la lengua sin estar a punto de "cantar Oaxaca".

Es más, me pasa hasta caminando por la calle. Resulta ser que mi sentido del olfato es malísimo, algo realmente tiene que oler mucho muy fuerte para que yo lo perciba. No oler puede ser una ventaja en muchos sentidos, te evitas muchos malos ratos. Lo único malo es que cuando algo es lo suficientemente poderoso para que yo lo huela, puede ser causante suficiente para que me el olor me dé nauseas, y en consecuencia, quiera vomitar.

En realidad, no estoy muy seguro de por qué sea que mi "glándula vomitona" sea tan activa, pero es una característica que, por mil cosas, no es agradable. E incluso, puede ser sumamente molesto en algunas situaciones.

Total, con el paso del tiempo he ido aprendiendo técnicas para controlar las ganas, que van desde echar la cabeza para atrás hasta sacar la lengua como perro o comer sal.

Pero, y aún intentando controlarme, de repente, me gana.

Este asqueroso tema, y toda la explicación anterior, no vienen gratis, salieron a colación porque el jueves pasado no postee precisamente porque estaba a punto de devolver el alma.

La historia fue así: el miércoles salí de viaje, por el trabajo, a Querétaro y me comí unas enchiladas queretanas, porque dije "mi mismo, en Roma, come lo que los romanos", y me las zampé. Pues craso error, que me hicieron tal daño que parecía yo la niña del exorcista.

Esa no es la peor parte, lo más más más feo, fue que lo anterior sucedió durante un coctail de presentación en la que estaban todos los asistentes al congreso que estaba cubriendo.

No, no vomité a todo el mundo (mi patetismo aún no llega a esos límites), tuve que salir corriendo al baño y, mientras mil cosas importantes pasaban, yo regresaba toda la comida que había ingerido desde la última vez que vomité (que seguro fue una semana antes).

Ya pues, pasó lo que tenía que pasar, me lavé la cara, los dientes, me arreglé lo mejor que pude y disimulé... hasta la mañana siguiente (el jueves, pues), que llegó el desayuno y yo casi barfeo otra vez. Todo el día tuve nauseas, todo el mugre día, así que no comí mucho y corrí todo el día para mandar información.

Pero el resultado, of course, fue que no tenía cabeza para escribir nada en este blogcito, así que espero el Gran Gato del Cielo perdone la falta cometida, porque había dicho que ya iba a ser de cajón escribir y nada.

Sea, pues.

jueves, 25 de junio de 2009

Al que nace para tamal...

... más le vale ponerse a dieta desde chiquito, ya ven lo que opinamos sobre los gordos y que nadie los quiere.

Pero aparte de eso, también está la parte donde del cielo te caen las hojas.

Como que, a veces, las cosas pasan porque tienen que pasar.

1. En esta semana, en la chamba, publiqué más que en todo lo anterior del mes junto (eso son tres semanas). ¿Coincidencia? Más o menos. Parte fueron notas trabajadas, parte fueron cosas que cayeron del cielo.

2. Me dio salmonelosis, por tercera ocasión. No, esta vez no fue por comer en la calle, sino por comer pescado en casa de un familiar. Y he trabajado toda la semana, con todos los síntomas incluídos. Me dijo el médico, al que fui a ver hasta el quinto día de infección y sólo porque me iba a desmayar, que si no fuera porque como bien y hago ejercicio, me hubiera muerto antes.

3. Justo esta semana que he tenido el estómago destrozado, se me ha antojado comer todas las porquerías del mundo. Es más, en este momento, mataría por unas papitas con chile y limón, y una coca. Y no puedo. ¡Me muero del hambre, qué voy a comer hoy?

Listo. Lo último que falta es que me caiga del cielo un hombre muy guapo, encantador, amable y cariñoso (para que yo le pueda decir que no quiero una relación, ¡pero eso es otra cosa!).

miércoles, 13 de mayo de 2009

Caracol, saca tus... nevermind

Hace rato pisé a un caracol.

Me siento tan culpable al respecto.

Y es que yo no quisiera que llegara un gigante a aplastar mi casa.

A diferencia de casi todas las personas, los insectos me gustan muchísimo. Me molesta de sobremanera que maten a las hormigas, arañas, caracoles, gusanos, polillas y demás nada más porque les desagradan, siendo que los humanos somos como un millón de veces más grandes.

Lo siento, señor Caracol. En serio lo siento. Si hay algo que pueda hacer para compensarlo, por favor, hágamelo saber.

lunes, 27 de abril de 2009

Renuncio

Ya, no más. Renuncio. No puedo más.

Empecé como a los 18 años, y como no tenía mucho y era muy de vez en cuando lo seguí haciendo.

El tiempo pasó y yo lo seguí haciendo. A veces con más frecuencia que otras pero siempre de manera constante. Es algo que se volvió tan cotidiano y tan normal que ya lo hacia de manera inconsciente.

Intenté muchos métodos, algunos me funcionaron un tiempo, pero luego dejaron de ser útiles o prácticos, gasté mucho dinero en eso, incluso, hasta llegué a pagar para que alguien más lo hiciera por mí, pero resulté estafado, porque se llevaron mi dinero y no volví a saber de ellos.

Fue una etapa de mi vida muy dura, pero a partir de hoy ya no más.

No me vuelvo a depilar/rasurar el cuerpo.

Resulta ser que el jueves me quité los vellitos corporales de mi cuerpecito para ir a la playa (ah si, fui a la playa este fin de semana pasado). Para el viernes, ya tenía otra vez. Sale, me los vuelvo a rasurar.

Pues hoy, a tres días, ya parecen una manifestación de hormigas gigantesca. Y ya basta, es demasiado esfuerzo y tiempo para que de todos modos a la semana se vea igual. Ya no más.

Ahora seré un pelo humano.

Dramatización del antes y el después

Pd. Si la pregunta es por qué me los quito, la respuesta es sencilla: porque no me crecen bien. Me salen como "manchones", que parecen manchas de mugre. Si me crecieran de esa manera homogénea-sexy pues no me importaría. O sea, no seré como en la dramatización, seré una cosa más fea.

viernes, 27 de febrero de 2009

Adminículo perfecto para ahorcarse: la corbata

Esta semana he usado tres días la misma corbata: lunes, miércoles y viernes, hoy.

Es negra, sin ningún adorno ni pretención ni gracia. Esta corbata es un poco como mi vida actual: todos los días la misma, sin variantes.

Nadie en el trabajo parece haberse dado cuenta y a mi no me ha importado parecer retrato; en otros momentos de mi vida me esforzaba mucho por variar, como que era algo que me gustaba mucho, me hacía sentir bien.

En realidad, no sé cuantas de éstas prendas tengo en mi clóset. Muchas no es un número exacto pero es la mejor descripción. Más de 30, seguro que si son. ¿Alrededor de 50, quizás? No, creo que esas ya son demasiadas.
Tengo de rayas, lisas, tornasol, una que otra con figuras geométricas, que seguro me regalaron porque en general no me gustan los patrones. La mayoría son azules, aunque también hay rosas, moradas, verdes, cafe. Definitivamente, ninguna roja, no me gusta ese color.

Pero, últimamente no me han dado ganas, ni la más mínima de pensar qué ponerme, qué combinar.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Tres casos

Una cosa es que te caiga un muerto encima y tengas que lidiar con el asunto.

Otra es que veas cómo el muerto te está cayendo y no te muevas.

Pero ya el colmo es que tu mismo lo mates, te embarres las manos de sangre y luego te quedes en el lugar del crimen para ver quién te descubre.

Hay cosas que pasan y ni pedo, hay que solucionarlas, como en el primer caso. Shit happens, pues.

En el segundo, igual se podía haber evitado, pero a veces falla el cálculo, la previsión o el cerebro y hay que resolver lo que se pueda.

Pero en el tercero, pasó porque uno quizo y no hay más. Es tu causa, tu efecto. Te aguantas.

Entonces, antes de que me embarre de nada, paso sin ver.
Que el look de presidiario siempre no me va.

***************************
En otras cosas, mi sobrino más grande cumplió ayer 19 años.

Sopas.

El wey nació cuando yo tenía 5 años, y medio crecimos juntos, porque yo soy el más chico de mis hermanos y el tuvo una hermanita hasta ya mucho más grande así que nos hacíamos compañía. Ya luego creció y se volvió un ser medio raro y pues yo otro tanto, así que casi no nos vemos.

Pero lo pienso y digo, "chale, que pinche anciano estoy ya".

martes, 29 de abril de 2008

Circo de tres pistas

Mi vida es un circo de tres pistas. De esos grandes que tienen tres espectáculos al mismo tiempo.

acto I. El equilibrista.
Balanceo el presupuesto, cuidadosamente.
Lo calculo una y otra vez, pero no es suficiente.
Vuelvo a sacar cuentas. En el fondo, suenan los tambores para hacer más emocionante el show; no, no son tambores, nomás el teléfono: urge la cotización.

Hago combinatorias y multiplico: si me alcanza no cabemos todos, si cabemos no me alcanza. Acomodo, desacomodo. No soy prestidigitador, no puedo aparecer dinero.
El público vitorea y grita: ¡ole! cuando ven cómo estoy a punto de caer.

Equilibrio, balance, vaivén. Paciencia.

acto II. El payaso.
Suena el teléfono, son las 7:50am y tengo más de una hora aún para que empiece la clase.
-Dani, ¿dónde estás? La reunión acabó temprano así que yo aplicaré el exámen.
-En mi casa.
-Ay, ¿cuánto tiempo tardas en llegar?
-Veinte minutos, ¿por?
-Está bien, te espero en mi cubículo pero ya no te tardes.

Me baño. Termino a las 8:10; otra vez el teléfono.
-Dani, ¿no has llegado? ¿sigues en tu casa?
-Si, todavía.
-Pero si ya son 9:10. Si llegas en veinte minutos vas a llegar a las 9:30 y tú tienes los examenes. Vamos a empezar tarde.
-Si, yo los tengo. Pero apenas son 8:10. Todavía es temprano.
-Ah, ¿en serio? ¿pues qué hora es?
-8:10
-Ah, perdón Dani. Nos vemos ahorita.

Pastelazo en la cara.

acto III. El lanzador de cuchillos.
Nueve personas formamos un círculo. Cada uno de espaldas a una pared de cristal donde los cuchillos se incrustarán cuando sean aventados.
Si el cuchillo te pega, estás fuera. Si la pared se quiebra, estamos fuera.

El lanzador, ¿dónde está el lanzador?
No entiendo, no encuentro el objetivo.

Tengo un cuchillo en la mano. ¿Soy yo?
Yo estoy pegado a la pared; me los van a aventar a mí.

No soy el único con un arma en la mano.
Somos cinco.

Cuatro están indefensos.
Dos son mi responsabilidad, pero ahora no puedo hacer nada para protegerlos: deben aguantar hasta que acabe. A otros dos no se les ofreció nunca un arma.

Dos no aventarán nada nunca.

Somos tres armados.
Puedo pasar al frente y romper el círculo. No me quiero apresurar; quizá el número sólo consiste en tener paciencia y nadie saldrá lastimado. Pero si yo hago que termine, puedo controlar los daños lo más posible.

La pared tiene que caer, tarde o temprano.

lunes, 21 de abril de 2008

Clase de rebotes

Hoy a las 7am me preguntaba yo qué es lo que me motiva a despertar todos los lunes y miércoles desde hace ya dos meses a una hora infrahumana (para mis estándares normales, es mucho muy temprano) para ir a la clasesita de los rebotes ridículos que tienen por llamar "gimnasia reductiva" pero no son más que viles aerobics.

Entonces, decidí mandar la disciplina a la goma y no ir a la clase, pero cuando cerré mis ojitos, sólo pude ver una cosa: al maestrito del show en cuestión rebotando gustosamente. Acto seguido dije, "bueno, es por mi salud y mi físico"; pero luego lueguito me dije a mi mismo, "si serás hipócrita y mentiroso, nomás vas porque el tipo te fascina".

Orale pues, todo sea por babear un rato. Ya me arreglé y salí corriendo para empezar la jornada saltando como tarado.

Antes de continuar, haré una explicación de la clase. La verdad del asunto es que a pesar de todo lo que me puedo burlar, no es nada fácil. Hay que coordinar que las piernas se muevan en cierta dirección a cierto ritmo por un número determinado de repeticiones; para hacerlo más difícil una vez agarrado el paso hay que coordinarlo con movimientos de los brazos. Posteriormente, hay que combinarlo con un movimiento que no tiene nada que ver; entonces, se crea una rutina de alrededor de ocho variantes y se repite. Luego se añade un banquito, mancuernas, saltos y flexiones por una hora. Una hora entera. El resultado puede ser catastrófico, porque no sólo hay que coordinar todo eso, hay que aprendérselo. Y hacerlo bien. Y sin descanso entre series.

El maestrito en cuestión, que se llama Julio, es muy agradable. Nos dice a la mitad, "¿cómo van? ¿verdad que se siente bien?" y pues ni modo de decirle, "no, está de la verga" así que uno nomás sonríe y dice que si. La otra frase que le sale es "más alto esa pierna/brazo, ¿a poco ya se cansaron?" y como la opción tampoco es decirle, "claro, porque tu nomás diriges pero no lo haces con nosotros pues no sabes qué se siente" igual se asiente como borrego mientras se hace lo posible por no vomitar; o es lo que yo hago, al menos.

El coach tiene la idea de que yo lo odio por alguna razón. Dice que lo veo feo y grito. No lo veo feo a él, yo veo feo a todo el mundo; tampoco grito, así hablo. La verdad es que no tiene ningún motivo sustentado para pensar eso. O hasta hoy no lo tenía.

Ok, siguiendo con la historia. Después de llegar tarde y renegar porque ya habían empezado, me puse diligentemente a sudar toda la mugre que me comí el fin de semana. A la mitad de la clase, cuando empezó con el "más alto las rodillas" yo hice lo posible y salté y salté. Pero como que no fue suficiente.

Entonces, se acercó hasta mi lugar, se paró a mi derecha muy cerca de mí y puso su mano a la altura que yo tenía que llegar. Y entonces salté con la izquierda. Bajé. Salté con la derecha. Zaz. Mi rodilla lo golpeó.

Pero no en cualquier lugar, claro que no. Le pegué en las joyas de la familia (testículos, tanates, huevos, como se les antoje llamarlos).

En ese momento, el saltó adolorido y yo quería que me tragara la tierra. Que se abriera un hoyo muy grande en la duela del salón y me tragara completito. Entero. Que ni siquiera escupiera mis restos.

Se alejó cojeando y continuó dando la clase por los veinte minutos restantes que quedaban.

Acabó la clase. Ahora, yo puedo ser muy groserito pero nunca le haría daño a una persona de esa manera intencionalmente. Entonces me acerqué a pedirle una disculpa. Le dije que lo sentía, que realmente no había sido mi intención y bla.

Entonces, atrás de mi empieza a sonar un coro de voces, "feliz cumpleaños, querido Julio, feliz cumpleaños a tí".

Chale. Peor día no pude haber escogido para hacer osos.

domingo, 20 de abril de 2008

Una máxima del Conejitocisne:

Hay que aprender la diferencia entre el bien y el mal.
Probablemente escoga la segunda, pero al menos sé cuál es cual.


********
Listo. Una vez soltado ese pedazo de sabiduría procedo a contar la última conclusión estúpida a la que llegué.

I.
Hay un ex que me manda mensajes constántemente diciéndome que me ama y bla. Es más, el último llegó a la una de la mañana y me despertó, dejándome sin dormir como dos horas porque se me fue el sueño. El caso es que ayer se conectó al MSN y me encontré con esto al abrir su ventana de conversación:La resolución de la foto está pésima pero se ve lo importante. Un Stitch en su display. ¿Desde cuándo a él le gusta Disney? Desde nunca. Pero el detalle significativo y revelador es que si alguien ha visto mi llavero o mi cuenta de MSN o mi cuarto pues entiende luego luego.

II.
El viernes que me puse pero si hasta las chanclas de alcohol no me llevé el celular para no hacer osos. ¿Y qué es lo primero que hago al llegar todo borracho a mi casa? A huevo, hacer osos.

El texto del mensaje dice así:
Quizá tu ya no piensas en mí pero yo aún te extraño. Espero estés bien.
Un abrazo. Te recuerdo cada día.

III.
Hoy que estaba de ocioso, me encontré esta paginita que te dice quién te ha eliminado del MSN. La verdad es que no sé ni por qué pero me metí y zaz, vi esto:

Pues si, la verdad es que después de todo lo lógico era que me hubiera eliminado (me sorprendió que la persona de arriba no lo hubiera hecho, en realidad).

Conclusión.
¿Por qué no entiendo? La respuesta tentativa es: Porque estoy pero si bien rependejo.

Pero fuera de obviedades, no logro entender la obsesión en la que me he metido. Es más, ya estoy bastante harto de la situación porque ni que fuera tan maravilloso ni para tanto.

Y no la entiendo porque tampoco entiendo lo que piensa el ex de la premisa I al enviarme esos mensajes y demás muestras de interés.

Porque uno ve lo pendejo de los demás pero no lo pendejo de uno.
Bueno, en mi caso sí.
De ahí la máxima con la que empiezo.

miércoles, 9 de abril de 2008

Terapias de reconversión

Me enteré que cierto ex ahora tiene novia.

Un ex mío -hombre-, ahora tiene novia -mujer-. Y es de adeveras, eh, no vayan a creer que es como Nina (que ya nos enteramos que se llama Deborah).

Me quedé apendejado. No es como que me sorprendiera poco; es que me sorprende mucho.
¿Pues desde cuando? Pues aparentemente, después de mi.

Supongo que a todo hay que verle el lado bueno. Estoy pensando en poner un letrero en el periódico que diga así:

Amiguito, amiguita. Padre o madre de familia. Mujer despechada.
¿Buscas una terapia de reconversión para tu amigo/hijo/novio que batea para el otro lado?
(o sea, que es gay, joto, marica, puñal, batea para el otro lado, sigue el camino de su arcoiris, come arroz con popote, le hace agua la canoa, se le cae la mano y demás variantes)
Déjamelo tres meses, segurito que después de esta etapa se le quitan las ganas de andar con malas mañas.
Tarifas accesibles. Atención: el Conejitocisne.

Quizá saque algo de dinero.